“Ojo” con la Industria del Salmón

Columna de opinión de Cristopher Toledo Economista asociado a Fundación Terram.

La industria del salmón se ha convertido en un caso emblemático de éxito comercial en nuestro país, un rápido auge económico ha logrado posicionar a la industria como uno de los principales productores a nivel mundial, siendo en la actualidad superado sólo por Noruega. Sin embargo y al igual que en cualquier otro sector productivo intensivo en la extracción y exportación de recursos naturales, el éxito económico se contrapone con un alto impacto ambiental y social en las zonas donde se desarrolla.

Alrededor del 95% de la producción salmonera se concentra en las regiones  de Aysén y Los Lagos (principalmente Chiloé), un gran área altamente codiciada para la producción acuícola debido a las invaluables características de los ecosistemas que existen, valiosos por su conformación casi única en el planeta - fiordos, estuarios y canales-, de valiosa biodiversidad y ricos en recursos marinos. Para la comunidades que allí se emplazan este territorio es considerado un bien común que les ha pertenecido de manera ancestral y que debido a la rápida expansión de la industria del salmón han visto como se ha ido degradando.


En el año 2007, la ausencia de regulaciones, la nula capacidad de fiscalización por parte de los organismos públicos y la codicia de la industria por crecer ilimitadamente, llevaron a que se registrara el inicio de uno de los episodios más oscuros que ha vivido el sector, cuando se confirma la presencia de la anemia infecciosa del salmón (ISA por su sigla en inglés) en un ejemplar de Salmón Atlántico –principal especie producida y exportada en Chile. El virus se propagó velozmente y sin control por la principal zona productora ubicada en la región de los Lagos que entonces concentraba más del 85% de la producción nacional, desatándose así la mayor crisis sanitaria que ha vivido la industria y causando graves impactos ambientales, sociales/laborales y económicos.

La crisis sanitaria mostró sus efectos hasta el 2010, año en el cual se registra la menor producción histórica del sector con 466 mil toneladas. A partir del año 2011 el panorama comienza a cambiar con la reactivación de la industria y el crecimiento productivo, el cual se mantiene hasta la actualidad. Durante el año 2014 se alcanzaron cifras históricas que permitieron restablecer los niveles mostrados previos a la crisis sanitaria. Según datos publicados por Subpesca, la estimación de cosechas de peces registradas al mes de noviembre (acumulado), alcanzó cifras cercanas a las 750,6 mil toneladas, siendo superior en un 8,7% a lo registrado durante el mismo periodo del 2013. De las cuales se obtuvieron retornos por US$ 3.756 millones en exportaciones.

Si bien, actualmente el panorama de la industria es diferente -debido a algunas medidas regulatorias y legislativas que se debieron tomar para hacer frente a la crisis vivida- los niveles de producción y el crecimiento ilimitado que está mostrando la industria nos ponen en alerta y nos hacen recordar los episodios vividos durante la crisis sanitaria. Cabe destacar que durante abril de 2015 termina la moratoria que se estableció en la entrega de concesiones en las regiones de Los Lagos y Aysén, por tanto si el Gobierno no logra extender esta moratoria, eventualmente veremos cómo la industria sigue expandiendo de forma muy riesgosa, afectando ecosistemas únicos.

Aunque la industria aparente que la crisis del 2007 fue superara, en los hechos no es así, el fantasma de la crisis sanitaria siempre está presente más aún cuando el panorama de la industria muestra como prioridad la expansión y el crecimiento ilimitado, donde la amenaza que el virus ISA se transforme en una epidemia ha sido permanente. De hecho, durante el año 2014 se confirmaron tres brotes de ISA, el primero detectado en enero en dos jaulas del Centro Traiguén 1, pertenecientes a la empresa Invermar, ubicados en el centro de la Isla de Chiloé. El segundo en el mes de octubre, esta vez en el centro Ballena 4, propiedad de la empresa Salmones Cupquelán S.A, en la zona sur de la Región de Aysén. Y por último, a finales de diciembre se confirmaron dos centros de agua dulce con la cepa ISA-HPR0, se trata de la piscicultura Copihue, de Marine Harvest; y la de Río Unión, de Granja Marina Tornagaleones.

En este sentido y tomando en cuenta los antecedentes históricos que tenemos es importante poder mantener a raya a la industria, evitar que se siga expandiendo de forma indiscriminada y así impedir que el crecimiento económico se vuelva la prioridad única de las compañías. Para lograr esto, es necesario que el Estado y las entidades públicas pertinentes regulen y fiscalicen de manera oportuna y efectiva a este sector, evitando que episodios como los vividos durante la crisis sanitaria se vuelvan a repetir.


Así como los episodios que se han desarrollado en la industria del salmón, otros hechos ambientales que acontecieron durante el año 2014 y que fueron parte de la coyuntura ambiental pueden ser revisados en el Balance Ambiental -que como es habitual- realiza anualmente Fundación Terram y que se titula Sacrificando Chile Por la Inversión Presidenta: ¿Zonas de sacrificio o justicia ambiental? y está disponible en www.terram.cl

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